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Crónica del Monasterio de Santa Teresa de Guadalajara

El primer intento de fundación de este convento de Santa Teresa data del año 1615 en que dos y distinguidas señoras, María Catarina Rendón, originaria de Jerez de la Frontera (España) y doña María  Linares de Ahumada, viuda del Lic. Rodríguez de la Vega, originaria de Córdoba (España), se propusieron fundar un convento de Carmelitas Descalzas en el Reino de la Nueva España. Desembarcaron en el Puerto de la Vera Cruz, México, a principios del año 1615, permaneciendo ahí poco menos de un año, edificando a todos con su vida ejemplar

El Lic. Don Francisco Martínez Tinoco, Chantre de la Catedral de Guadalajara,  las escribió a la Vera Cruz ofreciéndoles toda su ayuda para una fundación,  por lo cual se trasladaron las Beatas a esta ciudad a principios de 1617 y pronto se les unieron tres jóvenes, formando así una especie de Beaterio.

Tras reiteradas peticiones a la Corona de España, el Rey Felipe IV concedió la licencia de fundación el 10 de junio de 1651. Para estas fechas ya habían muerto las dos primeras Beatas, y el día  que se recibió la cédula murió otra, alabando al Señor que le había concedido ver la dicha Cédula y el Patronato de cuarenta mil pesos que espléndidamente ofrecía la Señora Doña Isabel Espinosa de los Monteros, viuda del Capitán Don Cristóbal Gutiérrez, dama muy principal de esta ciudad. Ninguna de las cinco Beatas llegaría a ver hecha la fundación, pues murieron todas antes de ver realizados sus deseos.

Noticioso de este negocio, el M.I. Sr. Obispo de esta ciudad, Don Luis de Santiago de León Garavito, y obtenida nueva Cédula Real fechada en Madrid el 6 de diciembre de 1687, se colocó la primera piedra del edificio en lo que sería la parte superior del presbiterio con grande solemnidad el 25 de mayo de 1690 en un solar de 80 varas, ruina de unas casas antiguas del Capitán Don Cristóbal de Sandoval.
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El edificio se hizo, según el modelo del convento de monjas carmelitas de la ciudad de México, en la calle que antiguamente se llamaba de Santa Teresa y ocupaba una manzana y media; era el tipo clásico de estilo colonial; un patio central con su fuente rodeado de cuatro claustros con bellas arcadas de cantera; su amplia y hermosa escalera conducía  a la planta alta donde se encontraban las celdas y algunas dependencias. Poseía una amplia huerta con un pozo a donde miraba el pequeño claustro con arcos de medio punto de la enfermería. El convento estaba adosado a su iglesia. El retablo del altar mayor es de estilo gótico, y la nave, a través de serias modificaciones, presenta actualmente un estilo clásico en sus altares laterales.

El Ilustrísimo Sr. Garavito hacía cinco meses que había entregado su alma al Señor, habiendo puesto firmes bases a la fundación. Ya anteriormente había hablado del asunto al Ilmo. Sr. Don Manuel F. de Santa Cruz, Obispo de la Puebla de los Ángeles y a las monjas carmelitas de esa ciudad, quedando pactado que de allí vendrían las Fundadoras. Sus nombres fueron: Antonia del Espíritu Santo (de Oñate y Rivadeneira), Priora;  Isabel Francisca de la Natividad (Guerrero y Castro), Subpriora; Leonor de San José (De Palacio y Birmeso), Maestra de Novicias; Antonia Timotea de San Miguel, Tornera; y dos novicias: Luisa Manuela de la Santa Cruz e Inés de Jesús María.

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Salieron de la Puebla de los Ángeles en carrozas, acompañadas del Sr. Pbro. Don Antonio Ciprés Vidagaray, el cual fue nombrado capellán de la iglesia y convento de Santa Teresa. Salieron, pues, las Madres Fundadoras el sábado 9 de abril  de 1695, llegando a la ciudad de Guadalajara el 20 de mayo de ese mismo año, siendo recibidas por las Autoridades eclesiásticas y civiles con gran solemnidad y alegría de todo el pueblo. El relato del viaje que dejó escrito el buen Padre Capellán termina con estas palabras: “Todo esto se verificó en el Pontificado de Su Santidad el Papa Inocencio XII y reinando en nuestras Españas el católico Rey Don Carlos II”.

Casi dos siglos vivieron las monjas en total tranquilidad, hasta que en 186l, debido a las Leyes de Reforma del Presidente Benito Juárez, las monjas fueron arrojadas de su monasterio que fue saqueado, así como también la Iglesia. En 1863 se abrió, por mandato del Gobierno, la calle de Ocampo. Demolieron claustros y quedó el Convento partido por mitad. En 1866 lograron recuperar la parte que quedó adosada la Iglesia, para volver a ser exclaustradas en 1867. En 1870 pudieron recuperarlo nuevamente, viviendo con mil zozobras a causa del ambiente hostil del Gobierno hacia la Iglesia, hasta que se normalizó la situación.

En 1914 durante el gobierno del Gral. Venustiano Carranza fueron nuevamente exclaustradas, pudiendo volver al convento en 1920.
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En la persecución que sufrió la Iglesia bajo el gobierno del Gral. Plutarco Elías Calles en el año 1924, fue la comunidad de Santa Teresa una de las primeras en sufrir la exclaustración. Durante esos penosos años no había tranquilidad, parecía que los esbirros de Calles adivinaban la caso donde trataban de reunirse las religiosa, para atacarlas.  Las monjas decidieron dejar del país, pues el 28 de noviembre de 1924 fueron echadas de su convento por Agustín Bancareli con una escolta de 30 soldados. Las monjas lograron escapar por la azotea y refugiarse en casas particulares hasta que el 16 de mayo de 1927 salieron rumbo a los Estados Unidos, estableciéndose en la ciudad de San Francisco, California.

En 1937 por diligencias del entonces P. Capellán Don José Ma. Figueroa y Luna, se recuperó el convento. Ya en posesión del convento regresaron de San Francisco 8 monjas de las 19 que habían partido, tomando posesión total de su convento con gran solemnidad el 22 de abril de 1942, festividad del Patrocinio de San José.

El pasar de los siglos ocasionó, lógicamente un crecimiento demográfico de la ciudad, acentuado notablemente en los últimos años, quedando el monasterio en el centro de la misma. El ambiente interno, puramente monacal del antiguo convento, contrastaba en gran manera con el ruido y bullicio externos del centro de la ciudad que turbaba de continuo el habitual silencio.

Decidió, entonces, la comunidad, trasladar su monasterio a un lugar saludable, tranquilo y silencioso, efectuándose el cambio el 24 de agosto de 1977.

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